Ayer me enteré de que finalmente se apagó Gala.
Mi amada Gala; Galita desde que apareció en nuestra vida.
Desde su inocente mirada vio crecer a mis dos hijos. Naturalmente supo compartir sus alegrías, sus juegos y también sus tristezas.
Con sus ojos buenos y su lengua inquieta, aceptó incondicionalmente a cuanto nuevo compañero se le presentó y también supo despedirlos cuando llegó el momento.
Nunca dejó de ser aquel cachorro inquieto y travieso que me obligó a caminar al pie de un cerro mientras descubría el olor de algún arbusto, el sabor amargo de los insectos y el perfume de alguna flor silvestre. Sensaciones solo perceptibles por aquel cachorro curioso, ese que volvió a conectarme con la naturaleza a pesar de su incipiente vida.
Amada Gala, testigo compasivo de las más profundas tristezas, amiga incondicional de mis hijos y alegre compañera de todo aquel que se te acercara.
Lograste lo más lindo que cualquiera puede conseguir; que se te extrañe con esa rara alegría que surge a veces en la tristeza de la ausencia.
Hasta siempre fiel amiga de mis hijos y sabia compañera.
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