Qué cosa no? Relato de mi paso por el servicio militar en época de Malvinas.

Hoy hace 31 años que, junto con mi gran amigo de entonces, llegamos a Puerto Belgrano sin tener idea de que estábamos siendo testigos y parte de una generación que asomaba a su adultez de una de las maneras más brutales e injustas.

Recuerdo la confusión y el miedo de aquel estudiante de secundaria que era, cuando en el patio de instrucción en donde nos encontrábamos todavía de civil y con el pelo largo (el último símbolo de civilidad que mantuvimos por unas pocas horas más), apareció un diario en bicicleta que en el manubrio tenía abrochada una revista Gente; tapa blanca y letras rojas que solo decían: "ESTAMOS EN GUERRA". Algo incomprensible y absurdo para quienes ya estábamos comenzando a extrañar nuestros cuartos de adolescente, la ropa limpia y perfumada, y, en mi caso al menos, los desayunos compartidos con afecto y comprensión.

Esa fue nuestra puerta de entrada a la adultez, llena de miedos, inmediata en experiencias que no se volverían a repetir. Sin mediaciones entre realidades tan opuestas como la vida y la muerte. Así de rápido se les fue la adolescencia (y la vida) a muchos de los de mi generación. Todos conservamos alguna cicatriz más o menos profunda de aquello. Marcas que en algunos recuerdan un miembro perdido, en otros un hijo que ya no está, y en muchos el verdadero significado de la vida y el más profundo desprecio por quienes "marcan la baraja y reciben siempre la mejor".

Hoy, habiendo pasado ya la mitad de mi vida, me veo a través del tiempo, repaso el camino transcurrido y comprendo un poco más el valor de la libertad para elegir, para pensar, para putear, y, ojalá pueda, para transmitirírselo a mis hijos. Nada, la lluvia y el feriado solo me dio el tiempo para recordar sin sacar conclusiones. Simplemente recordar para comprender y "entenderme" algo más que ayer.









Comentarios