Así, de repente, sin saber cómo ni por qué, me descubrí frente a vos. A un hombre que me hablaba, que ya no me preguntaba, que no necesitaba de mi permiso ni mi consentimiento.
Un hombre buscando su camino y construyendo su propio destino.
Simplemente pasó y fue hoy.
Un escrito impecable, el desafío de un examen sin preocupación por el resultado, un nuevo vínculo, no sé bien qué fue. Pero pasó.
De pronto ambos nos descubrimos iguales. Igualados en los defectos y con la secreta ilusión de diferenciarnos en las virtudes.
Quizás y sin saberlo ni decírnoslo, orgullosos de lo que no deberíamos.
Vergonzosamente orgullosos debería decir.
Hoy vuelvo a sentir esa desgarradora angustia que me invadió cada vez que superaste una etapa. La misma que me hizo cada vez más vulnerable y dependiente y a vos cada vez más invulnerable e independiente.
Hoy sentí que mi primer hijo ya es un hombre.
Bienvenido Santi.

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