Pensé que no iba a pasar. Que el tiempo suavizaría las asperezas y el afecto,
la comprensión y el diálogo profundo, desnudo y sincero, ayudarían a superarlo.
Pero no. Sin desearlo, sin querer buscarlo, pero con la sombra de su presencia
latente intrigante y dañina, apareció nuevamente el fantasma. Ese que siempre
estuvo, que se intuye. Ese que en algún momento no afectó tanto, no tenía
poder de fuego. Las defensas estaban altas y los sentimientos anestesiados.
El objetivo era otro.
Tan solo acompañarla como un baqueano por los caminos que ya había
recorrido cientos de veces. Sacrificando y conteniendo esa fuerza irreprimible
que es volver a sentir ese amor profundo, incondicional, el que dá sin esperar
recibir nada a cambio.
Ese solo fin como norte del camino que comenzaba a recorrer lo facilitaba todo.
Todo era más comprensible, más sencillo y mucho, muchísimo menos doloroso.
Pero de repente El Sueño cambió.
Cambió para bien. Llenó todo de luz, inesperadamente abrió un horizonte
plagado de emociones. Inmenso en experiencias. Amplio en sensaciones;
de placeres prohibidos, de charlas eternas, de entrañables alegrías, de fusión
de percepciones...
Un horizonte narcótico que nubló el pasado y anestesió la presunción. Como
un final de novela sin pretensiones, de esos en los que nadie cree pero que
todos desean.
Inesperadamente la realidad de un hecho repetido, por conocido y por deseado,
despierta el mismo fantasma. Ese que se embebe en la razón y hace sentir que
es más fuerte y más real que ella misma. Que aparece como un monstruo de mil
cabezas distintas y descontroladas. Que busca solo destruir y someter a los
sentimientos con el inequívoco fin de cambiar el rumbo de las cosas.
Y, claro, inexorablemente cumple su fin. Se filtra en el tejido del sueño como un
ácaro que anida oculto esperando el momento de reproducirse una vez más.
Encuentra su lugar para permanecer agazapado, latiendo su falsa agonía.
Encubriendo su presencia hasta la próxima vez.
Mientras tanto El Sueño, algo maltrecho y dolorido, busca una nueva
reconstrucción...
Correrá lentamente las oscuridades buscando luz y ubicará la mirada para
encontrar el mismo horizonte entre el humo que deja toda batalla librada.
Lo hará sabiendo que en su esencia el monstruo, agazapado, espera su
próxima oportunidad...
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