Cada cosa que conocemos, desde su génesis lleva tatuado su propio fin.
Ese fin que se construirá con el devenir de sucesos y eventos que vulgarmente entendemos como vida.
Esa misma, la que torpemente encerramos en una celda de cuatro letras y sonidos que llamamos palabra.
Qué mala costumbre tenemos de encerrar todo aquello que nace libre!
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