Volví pintando palabras al amanecer.
Con finas pinceladas
en tonos de gris noche y celeste cielo.
La luna agonizante aún se reflejaba
en mis pupilas dilatadas y cansadas.
Y los sonidos errantes del amanecer
así lo anunciaban.
Buscándose entre sí para fundirse
y dar inicio al nuevo día.
En ese instante en que las penumbras
comienzan su tránsito: devorando oscuridades,
vomitando su luz inevitable.
Sigiloso nacimiento de un nuevo día
sobre la lenta muerte de una buena noche.
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