Inspiración

Angelo ya se estaba inquietando. Le resultaba inaudito entender por qué hoy, justo hoy, no encontraba las palabras necesarias, casi imprescindibles, para terminar ese poema que había comenzado apenas unos pocos días atrás.

Fue tan fácil el principio! Parecía que su bolígrafo solo convertía en emociones y sentimientos cada palabra dibujada sobre el papel. Resultaba tan natural y fluído que lo hacía sentir que era otro el que lo escribía: “Emociones libradas sin control como viento que, suelto en el mar, desata su incontenible pasión…”

Pero no. Hoy no encontraba la manera de avanzar.

Se movía incómodo en la silla de su escritorio mientras un raro viento hacía golpear su ventana. Un bolígrafo rueda hasta caer repentinamente al suelo incrementando su enojo y mal humor. Estaba oscuro así que tuvo que agacharse demasiado para poder agarrarlo. Pero al querer incorporarse su cabeza golpeó contra un canto del escritorio. ¡Mi Dios! ¡Lo que me faltaba! gritó en voz alta. Como queriendo compartir con alguien, ahora ausente, las desgracias de ese día.

Decidido se incorporó y se dirigió a la ventana para terminar con esa incómoda corriente de aire, claramente el orígen de todos sus males temporales.

Cuando comenzaba a girar el picaporte, algo concentró su atención a través del vidrio. Fijó su vista en el horizonte que vulgarmente le marcaba la medianera del vecino y descubrió que el cielo había tomado un embriagador tono borravino. los reflejos azul intenso y líneas amarillas lo atravesaban como un hilo de costura en una tela sedosa y suavemente ondulada.

Se quedó un rato así hasta que, de pronto, se descubre ensimismado en esas imágenes.

Entonces, girando sobre sus pies, vuelve rápidamente al sillón del escritorio, Se podría decir que el propio viento de la tormenta por venir lo empujaba hacia allí.

Se sentó, eligió cuidadosamente la misma pluma autosuficiente y rebelde que había rodado por el suelo apenas uno minutos antes y comenzó a escribir: “...Esa misma pasión que me hace sufrir tu ausencia y rechaza esta oscura y doliente soledad”

A lo lejos, la tormenta se desataba al fin.





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