Volviendo a comenzar.
Una vez más!
La palabra “increíble” no suena ni aplica en ningún lugar. Las sensaciones parecieran haber dejado de tener necesidad de una palabra que las contengan. Simplemente están presentes. Como surgidas de un fondo sordo, confuso y brotando por la piel como microscópicas esporas sin forma, sin contenido, sin olores, sin sabor. Simplemente haciendo sentir su presencia desde su propia ausencia anterior.
“Extraño”. Eso sí aplica. Extraño por nuevo y por distinto. Extraño por desconocido y por placentero. Alguna vez me dijeron que “se teme a lo que no se conoce y que el mejor ejercicio para perderle el temor a algo es adentrarse en su conocimiento”. Esa lógica, racional y fácilmente digerible, no se parece a este fenómeno.
Por eso es “extraño”.
Este extraño es distinto. Nuevo: Natural y desapasionado. Simple y apacible. Definitivamente incomprensible…
De alguna manera u otra, podría decir que, desde que tomé control de mi vida, me tocó enfrentarme ya tres veces a algo parecido al fin del camino. Simbolizando podría decir que de pronto apareció una curva pronunciada en la ruta y el giro fue forzado, con alto riesgo de desbarrancar; la tensión, confusión y desconcierto invaden todo.
Uno deja de ser uno y el control es tomado por nuestro instinto más básico: La supervivencia.
Nuestra capacidad de decidir se desconecta y todo comienza funcionar solo, dejarse llevar o no es solo una intención, nada de lo se haya pensado, calculado, previsto o practicado antes aplicará en esos momentos sin tiempo.
Nuestra supervivencia toma el control, pisotea nuestro ego, avasalla nuestras creencias, nos arrodilla hasta humillarnos, nos muestra descarnada nuestra más despreciable cobardía y nos exhibe naturalmente quiénes somos, cómo somos. Qué somos en realidad.
En ese estado, vuelvo a repetir; sin tiempo y sin medida alguna, volver o no volver deja de ser una preocupación. La supervivencia, La propia supervivencia hará el trabajo ella misma sometiéndonos al resultado de la vida recorrida y vivida.
Cada segundo, cada acto, cada sensación, cada pasión, cada goce y cada dolor, cada acto de valor y cobardía. Todo absolutamente todo se funciona en un remolino de colores que se funden creando un nuevo, inexistente, formado por la intensidad de cada uno de los elementos que ayudaron a crearlo.
Y de pronto, al menos hoy para mí, el aire comienza a ser más fresco, la piel más sensible, las emociones pierden sus frenos y todo comienza de nuevo.
Gracias Fernanda. Incondicional compañera de vida. Solo espero que este camino que decidimos caminar juntos siga así: Inalterable. transitar este espacio de vida contigo es lo más valioso que me ha pasado hasta el momento.
Estuviste en todo momento entre esos colores y fue el primero que ví cuando comencé a volver.
Realmente valió la pena. Una vez mas.

Comentarios