Las luces todavía están prendidas
cuando el primer día de un nuevo año comienza a apagarse.
A lo lejos, las nubes se acomodan lentamente
para desaparecer en la oscuridad de la noche.
Desconociendo la fingida trascendencia
que marca el almanaque.
Muriendo para renacer una y otra vez.
Indiferentes a nuestra negada finitud.
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