La vida se acaba cuando se dejan de construir recuerdos

Hay muertes y muertes.

Pero hay una que es silenciosa, que llega sin avisar. No se anuncia con un parte médico, no viene del arma del delincuente tembloroso ni tampoco de ese auto que te hace escuchar su bocinazo por última vez. Es una muerte cobarde y silenciosa. No se deja ver, ronda sigilosa cada día y termina acostumbrándonos a ella. Está ahí, con nosotros mientras todo sigue igual; el café a la mañana, el saludo mecánico, la rutina que no duele.

Uno está vivo sí, acumulando tiempo vacío como un libro con las hojas en blanco, como un celular sin pantalla ni memoria. Tiempo sin marcas: Qué es una carcajada que no sabías que tenías, una conversación que te dejó temblando, una noche que por alguna razón no se borra más sino rastros de nuestro tiempo sentido antes que vivido.

Hay un tiempo en que el objetivo es sentirlo todo. Comer con furia, amar sin medir, viajar como si hubiera que huir. Es como tener un agujero en el pecho que se quiere llenar con cualquier cosa: placer, vértigo, ruido. El cuerpo manda y uno lo deja hacer. Se vive con hambre y se quema vida. Un tiempo necesario que sacía voracidades vitales.

Pero hay otro tiempo. Ese tiempo en el que ya no se espera nada nuevo. Ya se vió mucho y llega el momento de entender. Todo se repite igual pero lo que brilla también quema, lo que calma también aburre, lo que da placer también daña. Y a pesar de todo se sigue. Igual pero sin fuegos artificiales, sin engaños. ¿Qué es una cicatriz más que un recuerdo escrito sobre la piel? ¿Qué es más que un momento que atravesó la coraza de nuestra carne para instalarse en nosotros para siempre?

Y ahí es cuando nos damos cuenta de que la vida no se termina cuando se muere, sino cuando se dejan de construir recuerdos. Cuando ya nada sorprende, nada conmueve, pero todo se queda ocupando un espacio vivido y sentido. 

Una mirada que no esperabas. O un olor que devuelve un pedazo de infancia. O un silencio compartido y la mirada del ser amado son suficiente. No morimos cuando tenemos algo para recordar mañana. 

Es un compromiso de vida con nosotros mismos.



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