Razón sinrazón

Qué es la incertidumbre sino ese incómodo e inoportuno sentimiento que nos acompaña desde que nacemos en este camino que transitamos hasta nuestra muerte.

Ese horizonte incierto, construido de preguntas sin respuestas es el verdadero y único culpable de nuestra ingrata incertidumbre. Un espacio  al que nunca se llega y parece correrse a cada paso que damos. 

Negándonos la capacidad de entender que el devenir no es ni más ni menos que la pregunta que nos hacemos respecto a él.  Solo una pregunta que se recicla y se repregunta a sí misma cada vez que parece tener un atisbo de respuesta.

De eso se trata vivir? de asumir esa angustia que genera la incertidumbre? De estar obligados a confiar en nuestros instintos más básicos para predecir aquello que en la elementalidad de la supervivencia es lo que nos llevó a llegar hasta hoy?

¿Es acaso que, por absurdo que nos parezca, la propia razón viaja a contramano de nuestra necesidad de certezas? o aún más; que ataca como una bacteria dañina las capas más profundas de la cultura construida desde el principio de la incertidumbre?

Resulta paradójico como nuestro principal activo termina volviéndose en contra de nosotros mismos en tiempos de crisis y nos obliga a recurrir a aquello que suele avergonzarnos, a aquello que nos dedicamos a enterrar con capas de razón sobre razón. Nuestra condición animal.

Entonces, el filósofo se calla, y el animal mastica.






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