Los recuerdos borrosos y caprichosos se pelean por alinearse jerárquicamente en mi recuerdo. Y así, de manera desordenada, van configurando mi pequeña historia. Esa a la que un minuto de tiempo de sobra para contenerla:
Un chico lee una revista sentado en el patio de una casa sin tiempo. La palabra futuro no aparecía en ninguno de sus dibujos. Todo era presente, un presente cariñoso, distante de realidades y ausente de dolores. Un presente aún sin heridas.
Otro se tira al agua atleticamente desde una piedra en algún arroyo de alguna montaña de algún lugar en algún tiempo fijado en mi memoria.
El adolescente que lee, que busca hambriento en pequeñas hojas de papel las respuestas imposibles a preguntas tan absurdas como reales. Angustias eternas que buscan redención.
Una mujer que anhela. Dos niños que observan. Dos vidas se apagan sin brillo y una luz cruza la tierra de un lado a otro invitando a atravesarla para seguir.
El despojo, doloroso y obligado, de cargas adquiridas sin siquiera saberlo me encontró desnudo en un presente lúcido y gozoso. Un presente con menos preguntas y más respuestas. Respuestas que solo encajan en aquellas angustias eternas de la adolescencia.
Un presente solo mío.

Comentarios