La sombra del límite

¿Finalmente uno debe dejarse llevar o esforzarse por no hacerlo? El problema nace cuando empieza a sentirse el peso del precio de no hacerlo.

La soledad, sombra fantasmal, aparece amenazante ante la difícil decisión. ¿Es acaso más importante ser parte de otros que ser uno mismo? ¿No será —además de cómodo— necesario? Entonces surge la pregunta inevitable: dónde está el límite y cuál es el precio que uno está dispuesto a pagar.

Ese límite peligroso que desafía en silencio. Un precio sin medida aunque de alto valor. Solo neblina que borra cualquier intento de decisión. Demonios que se estorban y tropiezan torpes, apurados, por ir a ninguna parte.

Decisión cara que exige ser tomada o negada; invisible para muchos y dolorosa para uno. Entonces, si la soledad es el destino, el fin es dejar de temerle: ¿enfrentarla temerariamente?, ¿ignorarla?, ¿o aceptar que es nuestra parte oscura? Esa a la que no deseamos descender, la que incomoda, la que duele. La que nos enfrenta sin piedad a nosotros mismos.

La pregunta final persiste: ¿debe uno adaptarse y ceder, cómodamente, para transitar el camino sin demasiados sobresaltos, sin demasiadas preguntas que quizá sean innecesarias? ¿O no hacerlo y caminar, simplemente, en la soledad del propio ser?

No hay respuestas. Solo preguntas que, de tanto repetirse, terminan por convertirse en respuestas que pocos quieren conocer.




Comentarios